lunes, 5 de agosto de 2013

Independencia de las 13 colonias

INDEPENDENCIA DE LAS 13 COLONIAS:

"Junto a la Revolución francesa, la fundación
del Estado nacional americano fue el acontecimiento
más trascendental en la historia política de la
región euro-americana del siglo XVIII"
(Will Paul Adams)


ANTECEDENTES:

Inglaterra inició su etapa exploratoria principalmente para ganar poderío al conquistar los territorios, para contender contra el Reino Español que tenía grandes extensiones controladas bajo el colonialismo, y así poder confirmar su dominio del globo.

América del Norte, -más específicamente en la costa Este-, fue poblada por razones religiosas (escapar y ser fugitivos al no estar de acuerdo con la religión protestante de la Corona inglesa), como también porque algunos ingleses al estar en una situación de sobrepoblación, mendicidad y/o desempleo, quisieron buscar otras oportunidades de vida en el Nuevo Mundo. Con esto, Francia quedó sin territorios en América del Norte, salvo por las islas de Saint Pierre y Miquelón frente a la costa meridional de Terranova, y por esta razón comenzarían una serie de conflictos entre los dos países, por el control territorial de América del Norte.


LAS 13 COLONIAS:

En general, ambas estaban obligadas a una especie de pacto con la metrópoli, en cuanto a que tenían que producir materias primas y suministrarlas a ese lugar, y a cambio tuvieron que aceptar las manufacturas inglesas. Por otro lado, no poseían ninguna clase de representación política y/o participación, que terminó también generando malestar por no poder tener autonomía.

La estratificación social no estaba tan rígidamente definida ni era tan inflexible, si bien es verdad que los esclavos y los nativos fueron excluidos de sus libertades y derechos. La posición social dependía principalmente de la fortuna atesorada en América. De esta manera se formaron los grandes comerciantes, dueños de plantaciones,  profesionales prósperos, granjeros, artesanos y arrendatarios, entre otros.

Norte y Sur:
Las colonias del Norte: Su economía descansaba sobre las actividades económicas relacionadas con el desarrollo industrial y el comercio. Además, estaban lideradas por un burguesía con gran poder económico.
Las colonias del Sur: A diferencia de las colonias del Norte, estas basaban sus actividades económicas en las plantaciones agrícolas (desde plantaciones de algodón y tabaco hasta arroz), donde laboraban esclavos, siendo esta población demográficamente considerable. Además, las plantaciones de trigo eran codiciadas hasta el punto en que se consideró algunos territorios como Pennsilvania, ser los graneros de América.



CAUSAS Y DESARROLLO DE LA REVOLUCIÓN:

Burguesía e Ilustración:



Se puede evidenciar entre la población, una amplia capa media, que tanto en ciudades y en los campos, participaba de un bienestar en aumento. Entre estas, se encontraban los artesanos y agricultores, siendo importantes con su conciencia política en la propagación de las ideas independentistas. En realidad, la Revolución de las 13 colonias, fue una revolución burguesa por excelencia, y este elemento (contener una clase media, con conciencia política capaz de defender el libre desarrollo económico de cada persona), es que el que la diferencia de las revoluciones anticolonialistas en Asia y África.

La Guerra de los Siete Años (1756-1763) e impuestos:


Fue el conflicto entre Inglaterra y Francia, que se extiendió desde el territorio de los Estados Unidos al continente europeo. Su origen se desarrolla con la rivalidad económica y colonial franco-inglesa en los Estados Unidos y en la India y la ocupación de los estados franceses de la Terranova y Nueva Escocia, en el norte de América, por colonos británicos instalados en la costa noreste.

En respuesta, las tropas francesas se aliaron a las tribus indígenas y atacaron las trece colonias inglesas de la región. Frente a la investida francesa, las colonias se unieron a la Corona británica, dejando de lado las fricciones comerciales con la metrópoli. Inglaterra resulta victoriosa del conflicto, llamado por los norteamericanos como «Guerra contra los franceses y los indios».

En Europa, la guerra se propaga en razón del éxito inicial francés sobre las colonias norteamericanas. Inglaterra se adhiere a Prusia y bloquea los puertos franceses. Los ingleses se apoderaron de Quebec y de Montreal, conquistando hasta la región de los Grandes Lagos. Siguen dominando todavía los territorios franceses en las Antillas, en África y en la India. Como consecuencia, Inglaterra somete gran parte del imperio colonial francés, especialmente las tierras al oeste de las colonias norteamericanas. Francia cede a Inglaterra, las colonias de Canadá, Cabo Bretón, Senegal y Gambia y, a España –que entra en la guerra en 1761 –, transfiere Luisiana. España, a su vez, cede Florida a los ingleses.
A pesar de la victoria, Inglaterra se encontró en una situación económica muy apurada. En Londres, el Parlamento decidió castigar a los colonos como parte de los costos de la guerra. La institución alega que fue insuficiente el hecho de proporcionar hombres y equipamientos para garantizar la victoria contra los franceses. Junto con la tasación, se intentan ampliar los derechos de la Corona británica en América y forzar un régimen de pacto, restringiendo las transacciones comerciales de las colonias.

Las protestas fueron en aumento y la revuelta se intensifica con la prohibición de ocupación de las tierras conquistadas de los franceses por los norteamericanos, forzándolos a vivir apenas en las proximidades del litoral, región de fácil control. La Guerra de los Siete Años intensifica, por tanto, las divergencias anglo-americanas, allanando el terreno para la lucha por la independencia de los Estados Unidos. Sin embargo, la causa directa de la revolución fue la no existencia de la autonomía económica, y la política colonial imperialista que se implantó a partir de 1763, donde se controlaban los territorios y a la población. Ejemplo de esta política, fue la implantación de nuevos impuestos que enardecieron las ganas de independizarse. Ejemplo de esto, fue la llamada “Ley del Timbre” de 1765 que imponía impuestos sobre el consumo, pero que terminó provocando olas fuertes de protestas y violentas, que reclamaban que la imposición de impuestos, se diera únicamente si participaba en la discusión de esta, o de manera indirecta, representantes electos. El resultado, fue la anulación de esta un año después, y de igual manera sucedió con otra introducción de impuestos al consumo en 1770, donde las tensiones empezarían a florar, hasta al punto donde la población y los militares se enfrentaron con un saldo de 5 ciudadanos de Boston muertos. En el mismo año, en Boston algunos se disfrazarían de indios asaltando 3 barcos que transportaban té y echarían al agua todo el cargamento, proclamándose ese momento como el “Tea Party”.


La expansión en las colonias de las formas europeas del abuso del poder podía ser observada, por lo demás, en el éxito que tenía el patronato de cargos que ejercían los gobernadores, pues estaban formados considerablemente sobre una aristocracia nativa de funcionarios.

Entonces, comenzaría la emancipación del imperio británico, hasta el punto donde en 1775 se celebró en Filadelfia el segundo Congreso de las doce colonias (Georgia aún no estaba representada), donde se proclamó un ejército continental y se eligió a George Washington comandante en jefe. No obstante, también existieron contiendas entre los más moderados (Whigs) y los radicales, hasta cuando estos últimos obtuvieron mayoría en 1776 en el Congreso donde terminaron declarando: “Estas colonias unidos son, y por derecho deben ser Estados libres e independientes”, plasmándose en su totalidad en la Declaración de Independencia.

Definitivamente, no fueron proyectos políticos los impulsores de la revolución sino la necesidad de declararse independientes, es decir buscar una justificación a independizarse del Imperio Británico. Entonces, de esta manera la Declaración de independencia se convirtió el punto de partida de todas las reformas políticas norteamericanas.

En octubre de 1777 las tropas americanas obtuvieron en Saratoga una destacada victoria, haciendo que Benjamín Franklin en esta situación firmase en 1778  una alianza con Francia. Finalmente con ayuda de barcos franceses, Washington arrinconó a los británicos y en octubre de 1781 les obligó a rendirse. Los franceses negociaron el Tratado de París, que en 1783 puso fin a la guerra revolucionaria.

En realidad, solo una guerra de seis años y medio en los bosques norteamericanos y en el Atlántico y la creciente oposición a la ocupación inglesa por parte de la clase media, movieron las suficientes influencias para que el gobierno británico declarase y reconociese la independencia del nuevo Estado.

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